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lunes, 12 de mayo de 2014

Las galletas de la fortuna

Querido hijo:

Malditas gotas en este dia de lluvia!!! Desenlace conocido pero aunque no deceado es correcto.

El otro dia sucedio algo que era previsible y que temia que pasara aunque tal vez tambien lo deceaba.

Fui por ti al jardin y me pediste ir al parque a jugar a la pelota. Pues para alli partimos, al parque, a esos caminitos que conoces y que todos derivan en alguna estatua que tu siempre sabes encontrar. La principal en la ida, esa carreta enorme jalada por buelles de gran porte que demuestran una potencia que hace brillar tus ojitos y alli te sientas a mirarla y comer galletitas.
Extraño me parecio que no terminaste con las que te di y me pediste que guardara dos en el bolsillo de la campera pero asi lo hize. Inmediatamente abriste "la mochila de papa" en busca de la pelota de las estrellas que te dejaron los reyes y alli mismo la hechaste a rodar con rumbo a la mini canchita que hay en el parque de diversiones del parque de los aliados detras de los juegos mecanicos. Entramos a la cancha mientras el sol amenazaba con retirarse. Odioso astro rey que lentamente nos limitaba el tiempo juntos, pero dentro de la cancha comenzo nuestro partido y ya nada importaba, ni el publico que comia hamburguesas en el puesto de comidas ni los otros niños que se hamacaban en el costado de la cancha, tampoco el ruido de los juegos mecanicos que coreaban nuestros nombres en nuestro unico y particular mundo.
Cerca de 40 minutos estuvimos viendo el balon rodar y haciendo los mas fantasticos goles de la historia de este gran deporte.
Era necesario golear al adversario que no se presento, sumamente necesario porque con cada gol que haciamos el festejo era un abrazo sonrientes ambos.
Llegado el momento del pitazo final comenzamos a retirarnos triunfantes como si fuesemos los campeones del mundo al mismo tiempo que el sol apagaba por completo las luces de nuestro estadio.

Comenzaste a señalarme raramente el camino que ya conoces de salida del parque; ese que desemboca directo al monumento a la maestra, esa señora enorme de piedra con los brazos extendidos lateralmente la cual te genera un temor especial ya que quieres pasar por delante de ella para esconderte en mis brazos, y ese camino de salida ya me lo hiciste habitual. Aun asi es una caminata de 100 metros en brazos mientras tapas tus ojitos con mi cuello y me abrazas fuerte hasta que te doy el aviso que la estatua se acosto a dormir.

Luego mientras intentabamos cruzar la calle en busca de un taxi, intentabas parar a todos los omnibus que sabes que son sinonimo de ir a la casa de papa pero tambien estoy seguro que ambos sabiamos que ese no podia ser nuestro destino ese dia.
Ya en la parada de taxis me decias que querias volver a la cancha y me sacaste las galletas del bolsillo. Entendi que no querias irte y comenzaron en chocar las cosas que deceaba hacer con las que debo hacer para evitar todo problema posible y poder juntarnos pronto. Ya en el taxi, volviste a pedirme que guardara las galletas y afirmabas sin sentido que nunca mas querias volver al bar donde comemos siempre mientras me abrazabas mas fuerte de lo normal. Cada vez me resultaba todo mas extraño no entendia pero disfrutaba mucho de tus abrazos incapaces de sostener un almohadon de plumas pero capaces de destrozar todos los huesos de tu padre... son hermosos...

Y la historia acababa de comenzar... paso lo inevitablemente pasaria en algun momento...
Pedirias irte conmigo por primera vez...

Gritabas de una forma que jamas habia visto a todos que se alejaran mientras apretabas cada vez mas fuerte mi cuello. Tu madre no estaba y no pude dejarte con tus abuelos maternos. Tuve que esperar contigo el regreso de tu madre...

Valla situacion incomoda esta vez para papa, cerca de media hora estuvimos abrazados esperando que ella llegara y escuchandote decirme que querias venir a la casa de papa a jugar a la pelota. Temia sinceramente por lo que pasaria cuando ella llegara. Es algo que se que no entenderia pero todo resulto bastante bien. Cuando ella llego te agarro y lentamente tu malestar fue descendiendo hasta que pude irme.

Fue todo muy raro pero aunque no me gusta verte llorar tenia la sensacion hermosa de que tu tambien deceas estar conmigo.

Al ver tu que yo me iba, viniste solito a darme un beso de despedida, me miraste y volviste a tomar las galletas del bolsillo y tras posterior abrazo diste media vuelta y digamos que llegaste a tu casa.

Que fortuna hijito mio, que fortuna trageron esas dos galletitas!!!!!....